Uno de los motivos más comunes por los que los pacientes acuden a la consulta de un fisioterapeuta es el dolor muscular, muchas veces las ideas preconcebidas de los pacientes les hacen creer que este dolor está causado por un músculo agarrotado, montado o contracturado, sin embargo, la contracción muscular y el dolor de los músculos no funcionan como hemos hecho pensar a nuestros pacientes, en los músculos no aparecen nudos ni bolas que se tengan que deshacer mediante un fuerte masaje. (1)

 

¿Cómo debe actuar un fisioterapeuta ante una contractura?


Lo más importante cuando un paciente acude a una consulta de fisioterapia no ocurre durante el tratamiento sino en la entrevista inicial, en la anamnesis o recopilación de los datos y en la exploración clínica y ortopédica, es decir, el la investigación que realiza el fisioterapeuta con el fin de descartar problemas graves que requieran la derivación del paciente a otro profesional de la salud o descubrir de la forma más cercana posible cual es la causa de los síntomas del paciente. Poniendo un ejemplo práctico, de nada sirve tratar una “contractura muscular” en el trapecio cuando la verdadera causa del padecimiento del paciente es un dolor neuropático causado por una afectación del sistema nervioso, un síndrome facetario originado en las articulaciones vertebrales o un dolor reflejo de origen visceral.

 

¿Cómo se contraen los músculos?


Para entender la realidad de una contractura es importante conocer como se contraen los músculos.
Una forma de explicar algunos aspectos importantes de la contracción muscular de forma sencilla sin meternos en temas demasiado complejos, sería decir que hablando de músculo estriado, el tipo de músculo que tiene como objetivo mover nuestro cuerpo, está compuesto por fibras musculares, las cuales están preparadas para activarse contrayéndose cuando el sistema nervioso se lo ordena, esta orden viene dada por una neurona a través de un mensajero químico (acetilcolina).
En un músculo “relajado” siempre hay un número variable de fibras contrayéndose y decontrayéndose (relajándose) de forma sincronizada con otras, lo cual determina el tono del músculo, siempre mediado por el sistema nervioso.
Algunas enfermedades como por ejemplo la parálisis cerebral pueden hacer que la musculatura sea hipertónica (mucho tono) o hipotónica (poco tono), pero no podemos hablar de hipertono o hipotono en personas sanas (utilizamos esos términos de forma demasiado gratuita).

 

¿Existen las contracturas tal y como las imaginamos?


Actualmente no hay una evidencia clara de lo que es una contractura, existen varias hipótesis como la hipótesis integrada, la de la crisis energética o la inflamación neurógena, pero ninguna se ha podido objetivar al 100% . (2)
Lo que sí está claro es que no aparecen nudos ni bolas en el músculo y trasladar estas ideas a nuestros pacientes no hace más que crear una idea distorsionada de lo que está pasando, “tengo un nudo en la espalda que me está presionando un nervio”, es una idea totalmente alejada de la realidad, que, además, aporta una visión de daño del tejido que puede llevar a miedo al movimiento y conductas de evitación, todo lo contrario de lo que necesitamos. (3)

 

¿Por qué sentimos dolor en los músculos contracturados?


El dolor es definido como “una experiencia desagradable, sensorial y emocional, asociada con daño potencial o actual, o descrito en términos de ese daño” (4)
El dolor es un mecanismo de alarma y defensa del organismo, tiene como objetivo alejarnos de un peligro o hacernos cambiar de forma de actuar.
Cuando el origen del dolor que sentimos en el músculo es el propio músculo y no hemos tenido un golpe o una rotura muscular, el dolor habitualmente se suele relacionar con contracción mantenida del músculo y poco movimiento, es decir, mantenemos el músculo contraído en un rango concreto como por ejemplo cuando estamos delante del ordenador manejando el ratón, esto genera la liberación de ciertas sustancias en el entorno del músculo y además el músculo puede sufrir un aporte insuficiente de oxigeno, ciertos receptores reciben estas señales y mandan un mensaje al cerebro, el cual, si lo estima oportuno, desencadena la respuesta de dolor.
El problema es que si no cambiamos de forma de actuar y día tras día estos receptores están expuestos a señales que desencadenan su respuesta, se van haciendo cada vez más sensibles, mandando cada vez más señales al cerebro, lo cual puede provocar dolor continuo al cabo de un tiempo. (1)

 

¿Cuál es el mejor tratamiento para la contractura muscular?


No se puede hablar de un tratamiento que funcione para todos los casos en los que tenemos dolor de este tipo, por desgracia el cuerpo no funciona así, sin embargo cada vez hay más evidencia de que los tratamiento pasivos no son la solución para este tipo de problemas, continuar actuando de la misma manera y que alguien de forma “mágica” nos resuelva el problema rara vez funciona, el alivio suele ser momentáneo y el dolor tiende a repetirse.

Los tratamientos activos en los que se mejora la fuerza muscular, se hacen cambios en los hábitos de vida y se adopta una actitud proactiva y responsable, demuestran tener mejor resultado y, además, nos sirven de aprendizaje y aumentan nuestras capacidades.

Recuerda que el cuerpo necesita movimiento, nuestra biología está diseñada para relacionarnos con nuestro entorno a través del movimiento, así que es fácil entender por qué nuestro cuerpo nos penaliza cuando tenemos actitudes pasivas y sedentarias.

 


(1) Meakins A. Br J Sports Med 2015;49:348.
(2) Quintner JL, Bove GM, Cohen ML. A critical evaluation of the trigger point phenomenon.
(3) Rheumatology 2014:pii: keu471. Published Online First.Shah J, Danoff J, Desai M, et al. Biochemicals associated with pain and inflammation are elevated in sites near to and remote from active myofascial trigger points. Arch Phys Med Rehabil 2008;89:16–23.
(4) IASP https://www.iasp-pain.org/terms-p.html